martes, agosto 29, 2006

Drogas en la iglesia


El pasado domingo estuve cenando con algunos queridos amigos de mi iglesia. Son con los que durante varios años trabajamos codo con codo en el grupo de jóvenes de nuestra iglesia local.

Uno de los temas que salió a relucir fue el de las drogas. Uno de ellos, muy en contacto con jóvenes de 14 a 19 años de las iglesias evangélicas, nos comentaba cómo el consumo de porros (marihuana) era algo ya casi habitual. Me quedé atónito. Es cierto que conozco casos, algún jovencillo rebelde y rebotado pero... que fuese algo general y habitual me sorprendió.

Es evidente que la iglesia tiene que hacer algo. En mi adolescencia tenía el sentimiento de que al ser cristiano habían cosas en las que no debía caer. Hoy ese sentimiento es una creencia fundamental: el creyente muestra sus creencias con su vida y testimonio, de ninguna otra manera puede hacerlo mejor, de ninguna otra manera podría ser más coherente. Pero... aqui viene otra pregunta: ¿Acaso estos adolescentes son creyentes?... A veces caemos, sin darnos cuenta, en considerar como creyentes a los hijos de creyentes que llevan años asistiendo e involucrados en la iglesia.

Durante la cena hablamos sobre qué se podía hacer. Lo primero: hablar de ello en las iglesias. Es un tema del que no se suele hablar. Hay que hablar de una vez por todas CLARO. El cristianismo evangélico en España durante mediados del siglo XX estuvo marcado por padres cristianos severos y dogmáticos (esto es una generalización). Estos hijos, marcados por esta educación, en general, pasaron al otro lado del péndulo en la educación de los hijos. Quisieron dejar de ser padres para ser amigos. Y en el liderazgo de las iglesias también se notó. Se intentó abandonar el dogmatismo para caer en el "dogmatismo del abierto". Este dogmatismo se identifica porque muestra una superioridad intelectual y cristiana frente a la mayoría de grupos cristianos o evangélicos: "Somos más maduros, mejor preparados y entendemos mejor la Biblia; estos son aún unos niñitos". Es decir, es la otra cara de la moneda del dogmatismo y fundamentalismo de siempre: "Yo soy el mejor y yo tengo la verdad"*.
Lo "raro" es que algunas iglesias aparentemente más "inmaduras" tienen un compromiso que nos tendría que enrojecer a muchos.
Toda persona necesita una lineas, unas normas, consejos, guia... sin ello, nos perdemos. Nuestra propia personalidad necesita de ello. Dejando de hablar de ciertos temas, por miedo a "no llegar" a los adolescentes, estamos más lejos de ellos que nunca. Ellos quieren escuchar y ver cosas claras. Nosotros, con nuestras brumas, tan solo les hemos abandonado.

Es cierto que, aparte de hablar sobre las drogas en la iglesia, hay que saber cómo hacerlo. Hoy, por lo menos en España, el consumo de porros es casi tan habitual como tomar una Coca-Cola (quizás exagere un poco, pero no creas que demasiado). ¿Qué recursos podemos dar a ese chaval que si se aleja en su instituto de todos los porreros simplemente se queda solo y sin amigos?...
Si el mensaje que transmitimos es aversivo e irracional, hoy día solo crearía más rebeldía.

Creo que tenemos que pedir seriamente al Señor para que nuestras vidas sean un testimonio que hable claro, y nuestras palabras sepan hablar en el idioma de hoy.

¿Qué piensas?

(Sobre el consumo de porros)

viernes, agosto 11, 2006

Conversiones en España y Latinoamérica


Desde hace tiempo, una conversación recurrente con algunos de mis amigos ha sido por qué en España hay tan pocas conversiones. Hay respuestas para todo. Hay quien dice que se es "poco espiritual" o "que no se evangeliza", otros dicen que el daño del catolicismo ha sido tal que nadie por aquí quiere nada con algo que tenga que ver con la religión, otros dicen que es "porque se vive muy bien"...

Seguro que cada uno de nosotros tendremos nuestra opinión sobre esto pero, lo que me ha hecho rescatar este tema y comentarlo con vosotros es el viaje que hizo uno de mis ancianos (pastores) a Argentina.

Hace poco se fue de vacaciones a Argentina. Aparte de volver encantado con el país, tuvo la ocasión de predicar en una iglesia de allí. ¿Qué pasó fuera de la normal?... predicó y, se convirtieron 40 personas. ¿Por qué digo "fuera de lo normal?... Él suele predicar aquí, en nuestra iglesia local de Valencia unas 2 veces al mes. Eso pueden ser unas 24 predicaciones al año. ¿Sabéis cuantos se han convertido en sus predicaciones el año pasado?... Si fuese como en Argentina tendrían que haber sido 960 personas. Pero no. Que yo sepa, no hubo ni una sola conversión (por lo menos que se haya hecho pública).

¿Cual es el problema?... ¿Es cuestión de la espiritualidad y calidad del predicador?... Está claro que no, la misma persona predica en otro país y sí que se convierten.
Esto me hace recordar que esa locura y obsesión con el crecimiento numérico no es sano, ni mucho menos bíblico. El crecimiendo lo da Dios (1 Co. 3:6). Ahora, nosotros sí que debemos preocuparnos por plantar y regar, y además, hacerlo bien.

Y dime, ¿cual piensas tú que es la diferencia en la extensión del evangelio en latinoamérica y España?

martes, agosto 08, 2006

Sobre campañas y amigos

Ayer fue mi cumpleaños. Hice 26 años. No sé si a ti te ocurrirá, pero el celebrar el cumpleaños suele llevarme a pensar en cómo han transcurrido esos años que ya quedaron atrás...

Casi desde que nací hasta los 8 años estuve celebrando mi cumpleaños en un camping. Allí pasaba todos los veranos y todos los fines de semana del año. Coca Cola, papas, ganchitos, sandwiches de "fuagrás",... A los 8 años mis padres, que aunque era creyentes estaban alejados de la iglesia, decidieron volver. Por lo que dejamos el camping y ahora pasaba los fines de semana en la iglesia. Mis cumpleaños a partir de aquel momento pasé a celebrarlos en "Ventamina" (una zona de montañas cerca de Valencia). Allí, un día como hoy, celebraba mi cumpleaños junto a mis hermanos y primos más cercanos. Fue más o menos así hasta que, en el 1997 me fui a finales de julio para participar en mi primera campaña evangelística. A partir de aquella campaña estuve celebrando mi cumpleaños junto a mis amigos de las campañas (me organizaban fiestas "sorpresa" muy originales).

La verdad es que suelo recordar esa época con mucha añoranza. Hoy pensaba, ¿por qué?... Y me doy cuenta que fue en esas campañas donde me comprometí "en serio" con Dios. No es que me conviertiera allí, pero descubrí aspectos del cristianismo que desde hacia tiempo había estado buscando.
Fue donde descubrí mis dones, donde se me animó y ayudó a desarrollarlos y... también fue donde conocí a mis mejores amigos y a la que dentro de poco será mi mujer. Creo que es motivo más que suficiente para acordarme de esa época como muy especial para mi vida.
Durante esas 7 campañas evangelísticas celebradas a lo largo de 6 años aprendí muchísimo. Poniendo que cada campaña duraba una media de 11 días, pasé allí 77 días de mi vida. Algos más de dos meses. Y en esos 77 días aprendí más del Señor que en 10 años de escuela bíblica dominical y cultos todos los fines de semana. Le doy gracias a Dios por todos los años de escuela bíblica, pero también por poder disfrutar de 77 días donde compartir, aprender y servir junto a hermanos y hermanas de los que aprendí mucho.
Conocí qué era tener una vida "consagrada" a Dios, dedicada a Él, donde Dios era de forma práctica y real lo más importante y el centro de la vida. No era gente perfecta, no hay lugar dónde encontrar a gente así, pero sí que eran cristianos con ganas de vivir el cristianismo de cristo. Con sus equivocaciones y errores, también aciertos, pero sobretodo con un corazón que buscaba agradar a Dios.

Conocí pastores con una clara pasión por dar a conocer el evangelio. Conocí "líderes reputados", que sabían griego y hebreo bíblico, pero que barriendo con una escoba después de comer y recogiendo las mesas, fue como mejor aprendí de ellos.
Y conocí a grandes amigos. Ellos no lo saben, pero justo antes de ir a mi primera campaña (Agosto de 1997 en varios pueblos del interior de Valencia) le pedí al Señor por amigos. Amigos y amigas con los que poder compartir y... me los dió. ¡Un verdadero regalo de Dios!

Hoy, de ese grupo de amigos, mantengo contacto con algunos. Unos siguen en Madrid, otros (que se casaron) estudiando en un seminario en Austria, otro ahora en Málago preparándose para alfabetizar en pueblos indígenas con la Biblia, otro se hizo novio de mi prima (lo más parecido que he tenido a una hermana), otra viajando constamente por el mundo, visitando a su novio Sueco,... ¡no para!. Y otra de ellas... en fin... le pedí matrimonio y... ¡dijo que sí! ;-)

Como he dicho, hay algunos con los que, por diferentes razones, no hemos mantenido contacto, pero aún así, me sigo acordando de ellos y les agradezco todo lo que Dios me ha dado a través de sus vidas, de su ejemplo, de sus risas,...

Si algunos de vosotros estáis leyendo esto: GRACIAS. Gracias por darme vuestra amistad.